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¿Por qué revalorizar el monte es también cuidar nuestra cultura?

"Revalorizar el monte" suena a frase de folleto. Deja de sonar así cuando uno mira la historia con fechas: atrás hay casi cuatro siglos de tala, una ley de 1987 y una recuperación parcial que todavía está en curso.

Cuánto había

No se sabe con precisión, y las estimaciones difieren: van del 6 % al 25 % del territorio. El estudio más exhaustivo que cita Guayubira, de del Puerto (1987), sostiene que la vegetación leñosa habría superado el 25 % del área total del país.

Sea cual sea el número original, lo que vino después se conoce bien.

Qué pasó, por orden

El ganado llegó primero. Guayubira consigna que la introducción de ganado antecedió a la colonización propiamente dicha en alrededor de un siglo. Ese detalle explica buena parte de lo que sigue: cuando se cortaba un monte, el área cortada quedaba ocupada por los vacunos, y los vacunos impedían la regeneración. No es sólo que se cortó: es que después no volvió a crecer.

Siglos XVI y XVII. Con la llegada de los europeos, el monte pasó a ser recurso y obstáculo a la vez: se sacaba madera y leña, y al mismo tiempo se lo eliminaba para ampliar campo de pastoreo.

Siglos XVIII y XIX. Oleadas de colonos agricultores despejaron monte, sobre todo en el sur y el litoral oeste. El efecto todavía se ve desde el auto: hay tramos donde el monte sigue en una orilla del río y en la otra hay cultivo.

Segunda mitad del siglo XIX: el alambramiento. Cercar los campos exigió una cantidad enorme de postes y piques. Todos salieron del monte, y de las especies de madera dura: coronilla, ñandubay, quebracho.

Las dos guerras mundiales. Es el capítulo menos contado. Al cortarse la importación de petróleo y de carbón de piedra, el país los sustituyó por leña y carbón de leña. Guayubira lo dice sin vueltas: las dos guerras "significaron la tala de gran parte de los montes del país".

Las represas. Rincón del Bonete, Baygorria, Palmar y Salto Grande inundaron extensas áreas de los mejores montes del país — los ribereños, justamente los que crecen donde después se pone el embalse.

El fondo del pozo

Hacia 1980 el bosque nativo uruguayo rondaba las 597.000 hectáreas, según el informe sobre deforestación 2000-2024 de Sabine Papendieck. El libro de Guayubira, años después, hablaba de unas 670.000 hectáreas, un 3,5 % del país, palmares incluidos. Contra la estimación conservadora del 6 % original, es una reducción de por lo menos la mitad. Contra la de del Puerto, mucho más.

1987

El 28 de diciembre de 1987 se sancionó la Ley Forestal 15.939, que reemplazó a la ley 13.723 de 1968. Su artículo 24 es la pieza central:

"Prohíbese la corta y cualquier operación que atente contra la supervivencia del monte indígena", con excepción del uso doméstico del propio establecimiento rural o con autorización previa de la Dirección Forestal.

Después vino la reglamentación. El decreto 452/988 fijó que, para contar como bosque, una masa tiene que tener al menos 2.500 m². El decreto 330/993 exigió guía de tránsito para trasladar más de 1.500 kilos de productos forestales de monte indígena. El decreto 247/89 estableció beneficios tributarios para los establecimientos con bosque nativo registrado: por primera vez convenía declararlo en vez de esconderlo.

Qué pasó después

Funcionó, al menos en superficie. Las cifras de la Dirección General Forestal: 835.349 hectáreas en 2016 (4,77 % del territorio) y 847.181 en 2022 (4,84 %).

Mirado en escala larga, el bosque nativo creció un 41,9 % en 42 años: unas 250.000 hectáreas más que hacia 1980. Uruguay es uno de los tres países de América Latina donde el bosque nativo aumenta, junto con Costa Rica y Chile.

Y qué no pasó

Recuperar superficie no es lo mismo que recuperar monte.

La propia Estrategia Nacional de Bosque Nativo consigna que alrededor del 40 % presenta sectores degradados aun sin talas masivas, y enumera las amenazas vigentes: especies exóticas invasoras, presión ganadera, incendios, erosión y cambios en los regímenes hídricos. Entre 2010 y 2015 se registró un promedio de 246,7 hectáreas por año de intervención ilegal.

Y hay pérdidas que no se leen en el mapa. El monte serrano que volvió es más bajo y más pobre que el que se cortó: la tala selectiva se llevó coronilla, guayabo colorado, palo de fierro y molle, y dejó las especies de menos uso. El monte de parque sigue entre los más degradados. El psamófilo, con 3.787,4 hectáreas, está en grave riesgo de desaparición. Y en los palmares de Rocha las palmas tienen entre 200 y 300 años y casi no hay renovales, porque el ganado se come las plántulas.

La parte que sí es cultura

Cuando se dice que el monte es cultura suele no darse ningún ejemplo. Van cuatro concretos y verificables.

Los nombres. Guaviyú es guaraní y significa "fruto con vello", por la pelusa fina de la cáscara. Molle viene del quechua mulli. Arrayán es árabe —del árabe hispánico arrayḥán— y en España nombra a otra planta, mediterránea; acá se le colgó a Blepharocalyx salicifolius. Ñandubay y arazá son guaraníes. Cada nombre es el rastro de una lengua distinta que pasó por acá.

La literatura. En 1890, Eduardo Acevedo Díaz metió el guaviyú en su novela Nativa: "Produce una fruta morada mayor que la fresa, de un zumo dulce y grato al paladar".

El paisaje. "Chircal" —una de las unidades de paisaje reconocidas del país, la franja de transición entre pradera y bosque— toma su nombre de la chirca. La palabra nombra un ecosistema entero.

La cocina. El Recetario de frutos nativos del Uruguay documenta usos de pitanga, arazá, guaviyú y guayabo del país, y registra las hojas de arrayán como aromática.

Dónde verlo

La forma más directa de revalorizar el monte no pasa por comprar nada. Pasa por ir.

El SNAP tiene 22 áreas protegidas y 372.824 hectáreas, el 1,17 % del territorio. Varias son monte y se visitan: Quebrada de los Cuervos y Sierras del Yerbal, Valle del Lunarejo, Montes del Queguay, Paso Centurión y Sierra de Ríos, Arequita. En Montevideo, el Museo y Jardín Botánico Prof. Atilio Lombardo, creado el 17 de abril de 1902, tiene 13 hectáreas y en su acta de fundación quedó escrito que "se dará preferencia a las plantas indígenas".

Para saber qué estás mirando hay dos herramientas gratuitas: Flora del Uruguay (florauruguaya.org), con las 3.165 especies y su condición de nativa o exótica, y NaturalistaUY, el portal uruguayo de iNaturalist.

Fuentes: Guayubira — "Monte indígena: mucho más que un conjunto de árboles", cap. 3 · Ley Forestal 15.939 · MGAP — Manual de manejo de bosque nativo, marco legal · MGAP — Estrategia Nacional de Bosque Nativo · Papendieck, S. (2025), Uruguay Report on Deforestation 2000-2024 · Guayubira — El guaviyú · RAE · Ministerio de Ambiente — SNAP · Museo y Jardín Botánico de Montevideo · Flora del Uruguay · NaturalistaUY.

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