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Filtrado con carbón activado: qué hace, y qué no, en un alcohol base

El carbón activado aparece cada tanto en las etiquetas y casi siempre mal explicado. La versión que circula —que atrapa las moléculas más grandes y deja pasar las chicas— es cómoda, es fácil de dibujar y no es así como funciona. Vale la pena contarlo bien, porque es una operación real y bastante común en la industria de bebidas.

Qué es

El carbón activado es carbón vegetal o mineral sometido a un tratamiento térmico que le desarrolla la estructura porosa. Se fabrica a partir de cáscara de coco, madera, hulla, lignito o derivados del petróleo, y la materia prima no es un detalle: define qué tipo de poros predominan.

Hay tres tamaños de poro. Los microporos, los mesoporos y los macroporos. Los carbones de cáscara de coco tienen mayor proporción de microporos y sirven mejor para moléculas orgánicas chicas; los de madera tienen más macroporos y se usan para moléculas grandes y para color; los de hulla quedan en el medio.

La cifra que explica todo lo demás es la superficie. Un solo gramo de carbón activado granular puede superar los 1.000 metros cuadrados de superficie interna. Toda esa superficie está adentro de los poros, no afuera.

Cómo funciona la adsorción

Adsorción, con d. No es absorción —el material no se empapa— y no es filtración por tamaño. Lo que pasa es que ciertas moléculas quedan adheridas a la superficie interna del carbón, retenidas por fuerzas de van der Waals.

Lo que decide si una molécula queda o sigue de largo no es cuánto mide, sino con qué afinidad se pega a esa superficie. La superficie limpia del carbón es oleófila: tiene atracción por compuestos orgánicos y poco polares. Las moléculas muy polares y muy solubles en agua, en cambio, prefieren quedarse en el líquido y pasan.

Esto se ve mejor con un contraejemplo que con una explicación. El metanol es una molécula más chica que el etanol. Si el mecanismo fuera un colador por tamaño, el metanol pasaría siempre y algo grande quedaría siempre. No es lo que ocurre: los alcoholes de bajo peso molecular, metanol y etanol incluidos, son muy solubles en agua y el carbón activado granular no los retiene.

Hay un estudio que lo midió en destilados. Balcerek y colegas, en Food Additives & Contaminants: Part A (2017), trataron destilados agrícolas con carbón activado y otros adsorbentes: el carbón redujo de manera efectiva aldehídos, alcoholes superiores y ésteres, pero el acetaldehído y el metanol resistieron la adsorción. El óptimo lo encontraron en 1 gramo de carbón por cada 100 mL de destilado al 50 % v/v, durante una hora; dosis mayores no aportaron mejoras significativas.

Dos conclusiones prácticas de ahí. Una: el carbón elige por afinidad, no por tamaño. Dos: más carbón y más tiempo no es mejor. Hay un punto donde deja de sumar, y como los ésteres y los alcoholes superiores también son compuestos de aroma, pasarse tiene costo.

Por qué se filtra un alcohol base

Un gin arranca, por definición legal, de alcohol etílico de origen agrícola. La Resolución MERCOSUR/GMC 77/94 lo define como un producto de 95 % vol. mínimo obtenido por destilo-rectificación; el Reglamento (UE) 2019/787 exige 96 % vol. mínimo para las categorías "gin destilado" y "London gin".

O sea que ese alcohol llega ya rectificado. La purificación fuerte la hizo la columna de destilación, no el carbón. El filtrado es un pulido complementario, no el método principal, y conviene decirlo porque se lo suele presentar al revés. La Oficina de Ciencia y Sociedad de la Universidad McGill lo señala con un ejemplo conocido: los vodkas de gama alta no llegan ahí por filtrar más, sino por destilar más veces.

Entonces, ¿para qué se filtra? Para trabajar sobre el aroma residual del alcohol base. Cuanto más neutro es ese punto de partida, más definido queda el aporte de los botánicos, que es lo único que después va a distinguir un gin de otro.

En nuestro caso hay una razón adicional de método. El alcohol de cereal al 95 % que compramos se filtra con carbón activado antes de usarlo, y ese mismo alcohol entra en nueve maceraciones distintas —los ocho botánicos nativos y el enebro—, porque cada uno se macera y se destila por separado antes del blend. Lo que traiga el alcohol base no aparece una vez: aparece nueve veces.

Qué cambia, dicho sin vueltas: le saca un montón de olores que no iban. Deja el alcohol base como un lienzo en blanco para poder armar el gin encima.

No fue una decisión tomada a partir de ninguna investigación propia y no tenemos ensayos comparativos publicados. Es una operación estándar de la industria de bebidas que incorporamos al proceso, y así conviene contarla.

Qué no hace

Conviene ser explícito, porque el carbón activado arrastra fama de todo tipo.

El carbón no retiene etanol. No cambia la graduación ni la naturaleza de lo que hay en la botella. Lo que hace es sacar parte de los compuestos que aportan olores y sabores no deseados al alcohol base, y nada más que eso. Es una operación de aroma, en una etapa previa a la destilación de los botánicos.

Cualquier afirmación que vaya más allá de eso no la sostiene el proceso.

En resumen

  • Es adsorción por afinidad y microporosidad, no un tamiz por tamaño molecular.

  • Un gramo puede tener más de 1.000 m² de superficie interna.

  • Retiene bien compuestos orgánicos poco polares; no retiene metanol ni etanol.

  • Es un pulido posterior a la rectificación, no un sustituto de ella.

  • Tiene un punto de saturación: más dosis no mejora el resultado.

  • En Patrimonio se aplica al alcohol de cereal comprado, antes de macerar.

Es un paso chico dentro del proceso. Contado con precisión alcanza; no necesita que se le agregue nada.

Fuentes: Water Quality Association, "Granular Activated Carbon fact sheet" (2016) · Balcerek M. et al., "Treatment with activated carbon and other adsorbents as an effective method for the removal of volatile compounds in agricultural distillates", Food Additives & Contaminants: Part A, 34(5):714-727, 2017 · McGill Office for Science and Society, "Does filtering vodka through a Brita filter really work?" · MERCOSUR/GMC/Res. 77/94, arts. III y VII · Reglamento (UE) 2019/787, Anexo I, categorías 21 y 22 · Ley 19.855, art. 20.

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